
Tres puntitos más, como al
Valencia un 1-0, y terceros en
Liga. El
Villarreal no fue ni mucho menos tan fiero como lo querían pintar algunos y, excepto pinceladas de
Pires, que él solo tiene más clase que media
Liga española junta, tampoco dio de sí mucho más. Sí, tuvo alguna, vale, acepto pulpo, pero tampoco fue el acabóse.
Aunque el Madrid tampoco lo fue, no nos engañemos: al equipo de ayer le coge el
Liverpool y le hace un traje. Cada balón cruzado al área, cada córner, cada falta lateral, es un parto sin epidural.
Casillas parece que ha vuelto definitivamente, lo cual es una fenomenal noticia después de cuatro meses jugando sin portero;
Pepe y
Cannavaro son dos centrales sencillamente espectaculares, cada uno en lo suyo, uno por su superioridad saliendo al cruce y el otro por cómo organiza y cómo guarda las posiciones. Sigo sin entender cómo al italiano le pegan por todos lados, a mí me encanta.
Pero el hombre del partido fue
Robben, o
Chuppén, como prefieran. Al holandés le das el balón y no lo suelta hasta que lo pierde o le pega un zurriagazo que lo manda a
Sebastopol. Ayer, uno de esos fue a la portería del
Villarreal y
Diego López (que se llevó una gran ovación al situarse en su portería del
Fondo Sur) ni la olió.
Lo del holandés es de traca. Cuando corre, a mí me recuerda a
Chiquito de la Calzada a cámara rápida, sus movimientos son los de cualquier zombie de una película de
Clase B, pero el tío, cuando está como ahora, es una centella, además de cansino como él solo por
pesao. La coge y encara, la coge y encara, la coge y encara... Y cuando la pierde, protesta, y protesta, y vuelve a protestar. Es como
el día de la marmota, pero es el único que es capaz de hacer algo en este equipo si no está
Higuaín.
Raúl, por cierto, no hizo nada. Bueno, si, estorbar, porque ayer le dio por tirar los desmarques hacia el balón. Un desastre. Tanto que
Juande, que no es tonto, le retrasó de la posición de delantero centro puro en la que estaba jugando para ponerle de 10: fue
Van der Vaart el que jugó desde entonces de nueve.
Debutaron
Lass y
Huntelaar y yo soy contrario a la opinión mayoritaria: el francés se hizo una barbaridad de kilómetros, no lo niego, pero su influencia en el juego ofensivo fue prácticamente nula. Sí, hizo un par de cambios de orientación que
Mahamadou no haría ni en sus mejores sueños y sabe desplazar el balón, pero le conté tres pérdidas de balón que acabaron con sustos del
Villarreal. Correcto a secas. Igual que
Huntelaar, quien tuvo que buscarse la vida al lado del
supercapitán de la muet-te. No estuvo mal: se fabricó una ocasión que desbarató
Diego López al echársele encima (gran control con el pecho y buen remate) y fue un incordio ante un defensa que le pegó hasta en el cielo de la boca: estrenarse ante
Gonzalo, uno de esos centrales que juegan con machete, no debe ser fácil, y más tras tres meses sin jugar.
Por cierto, el
Roch no estuvo al lado de
Calderetas en el palco, pero no por decisión presidencial: lo pidió él. Yo le hubiera mandado con los ultras a ver el partido. Y para acabar, me gustó la ovación que le dio el
Bernabéu a Senna cuando salió del campo (la
Euro no se olvida) y constato un dato:
Drenthe y
Rafaé no son bienvenidos ya en el equipo. El primero se llevó una pitada espectacular al saltar al campo y el segundo es ni chicha ni limoná y encima se ha ganado fama de vago entre los aficionados. Dos menos para la próxima temporada, seguro.
¡Ah! Y un último detalle: antes del partido estuve con
Ribó, el presidente de una de las dos
Federaciones de Peñas madridistas en
Cataluña. Chapó para él y para los suyos: no es sólo que tengan los arrestos de sobrevivir en el manicomio, es que no fallan nunca cuando tienen que estar.
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